Luego de leer la nota de María Antonella Marino titulada “La Asociación Argentina de Actores contra la privatización de la cultura”, publicada en este blog el día 13 de Octubre, me interesé por analizar, investigar e informarme acerca de tal cuestión.
Durante los primeros días de Octubre, impulsados por el rechazo a las políticas de gobierno del Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, la autodenominada “Asamblea por la Cultura” emitió comunicados, lanzó volantes y panfletos en la vía pública, marchó por las calles de la ciudad, y reclamó mejoras en su sector. Alegando que “el derecho a la cultura es un bien de todos, tan esencial como la salud y la educación”, el gremio de los actores se movilizó y manifestó frente al teatro San Martín e interrumpió la inauguración del Festival Internacional de Buenos Aires.
Para aquellos que no pertenecemos al ámbito gremial, actoral, dirigencial o gubernamental, es difícil conocer las demandas y los conflictos que hay entre la Asociación y el Gobierno de la Ciudad.
Rafael Carreras, ex actor que aún sigue registrado en el Directorio de Actores, sostiene que “la mitad de los reclamos de los gremialistas tiene sentido y surge en respuesta a equivocaciones de la gestión macrista, pero la otra mitad es parte de un enfrentamiento con tintes políticos que nada tiene que ver con la defensa de la cultura”.
La primera semana del mes corriente la Secretaría Gremial publicó:
El gobierno de Macri:
1. Concibe a la cultura como mercancía
2. Niega el derecho al acceso a la cultura a la mayoría de la población
3. Atenta contra las condiciones dignas de trabajo
4. Profundiza la precarización laboral de los trabajadores de la cultura
5. Sostiene una política sistemática de clausura, cierres y desalojos de los espacios culturales, sociales y comunitarios.
6. Persigue a los artistas callejeros y artesanos, e impide el uso del espacio público.
En otro comunicado, la Asociación Argentina de Actores pide que la Asamblea de Flores, la Huerta Orgazmika del Ferrocarril Sarmiento, el Centro Cultural y Social Almagro, el Centro Comunitario La Casa, el Cirko Trivenchi de Villa Crespo, La Fábrica Ciudad Cultural de Almagro, etc., etc. sean reabiertos o restituídos. Lo que ocurre con estas organizaciones (que sin duda luchan por la difusión de la cultura) es que infringen algunas leyes y no pueden seguir funcionando tal como lo venían haciendo. La Huerta Orgázmika, por citar algún ejemplo, usurpó terrenos estatales en el barrio de Caballito e inutilizó parte de la plaza Giordano Bruno, lo cual provocó la queja de los vecinos. El Cirko Trivenchi, por su parte, realizaba sus concurridas funciones en un galpón cuyo permiso de uso había caducado hacía unos meses. El Centro Cultural del Sur o la Casa de la Cultura Compadres del Horizonte fueron clausurados por el mal estado de sus instalaciones, herencia con la que carga el actual Jefe de Gobierno. El Grupo de Cine Libre de Parque Rivadavia es “perseguido” por la Unidad de Control de los Espacios Públicos y la Policía Federal porque no tienen el permiso requerido para desempeñar sus actividades en espacio público. En estos casos, el Gobierno Porteño no hace más que exigir el cumplimiento de la ley y sus laberintos burocráticos.
En el mismo mensaje emitido, se realizan reclamos que son mucho más justificables y atendibles legalmente, puesto que no se contraponen a lo que dictan las leyes. La defensa del personal del Teatro Colón, la exigencia de pago a los talleristas de los centros culturales barriales a los cuales se les adeudan sueldos de varios meses, o la reivindicación del cumplimiento de la programación presupuestada en el Complejo Teatral Buenos Aires, son causas que se deben oír y resolver expeditivamente, puesto que la industria cultural se ve afectada por semejantes desajustes. Tanto el hecho de que la prestigiosa Banda Sinfónica Municipal (que tiene una honorífica y célebre historia en tierra europea participando en los Mundiales de Bandas Sinfónicas) no cuente con instrumentos en buen estado o que sus músicos no tengan contratos firmados, como la espera de los vecinos de Villa Urquiza para cogestionar el teatro 25 de Mayo con el Estado tal como fue acordado son dos de los tantos casos que han sido sistemáticamente evadidos por la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
“Buenos Aires: loca de cultura”, la “Semana Cultural Buenos Aires-Roma”, “Los barrios porteños abren sus puertas”, los espectáculos barriales de “Calesitas de Buenos Aires”, etc. son iniciativas positivas de la gestión macrista, pero aquellos que están tan compenetrados e interesados por la cultura exigen más. Bienvenidos sean…
Fuentes:
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: Subsecretaría de Cultura; Asociación Argentina de Actores, Secretaría Gremial, y Comunicados de la Asociación; Blog de la Asamblea por la Cultura; Nota de Antonella Marino; La Floresta Publicación Digital; Blog El Conejo de la Suerte; Blog Verguenza No Hay; Diario Perfil; Diario La Nación; Revista La Urdimbre.