Es notable cómo la industria de contenidos ha cambiado de una forma tan radical al verse sumergida en un nuevo paradigma, en nuevas aguas que representan una nueva forma de ver, producir y recibir la información, un nuevo camino hacia el futuro. Nuevos planteos y nuevas políticas se cuestionan y se llevan a cabo todos los días con la esperanza de lograr dominar estas aguas turbulentas y cruzar hacia el otro lado; la convergencia de medios, la nueva audiencia activa, los nuevos servicios, la globalización son factores que, si bien suponen una enorme amalgama de posibilidades e ideas novedosas para algunos, para otros sugieren un peligro y una constante incertidumbre.
Llama particularmente la atención el ver que políticas similares con los mismos objetivos se desarrollan y tienen consecuencias muy distintas en cada país. ¿Por qué determinadas regulaciones funcionan efectivamente en países como Estados Unidos y no en Argentina? ¿Qué factores determinan la correcta adaptación de una industria al nuevo paradigma y cuáles la impiden? ¿Qué industrias han sido capaces de mostrarse lo suficientemente fuertes como para sostenerse en este nuevo panorama? ¿En qué consiste básicamente este nuevo paradigma? ¿Cómo deben reaccionar las audiencias? Si bien pocas de estas cuestiones han sido concretamente resueltas, su planteo y replanteo constante nos deja un paso más cerca de la orilla.
A la sombra de estas preguntas, consulté a Roberto Igarza, Doctor en Comunicación Social, para discutir en qué consiste este nuevo paradigma que se presenta de manera tan imponente. El doctor declaró que es evidente que Internet plantea un desafío que nunca se había enfrentado con anterioridad, que tiene que ver con la velocidad con la que la información circula, la alta accesibilidad que tiene y con el debilitamiento de un modelo autoritativo anterior en el que la lógica industrial condiciona fuertemente la distribución de contenido. Las preguntas que todos los involucrados se hacen tienen que ver con un estado de incertidumbre hacia el objetivo, pero la verdadera cuestión que deberíamos plantearnos es si nos estamos haciendo las preguntas correctas. La situación es tan novedosa que es impensable la idea de establecer pautas de carácter conclusivo, nadie sabe qué depara el futuro ni cuál es el camino ideal para llegar a él. Esto es característico de una nueva etapa que el Dr. Igarza denomina “paradigma de transición”.
Una forma en la que las industrias se ven afectadas por el cambio de paradigma tiene que ver con la piratería y los DRM o Digital Rights Management (los gestores de contenidos digitales), los cuales están basados en una inteligencia “que todo el tiempo está contraatacada por una contrainteligencia que avanza a medida que avanza esa inteligencia. Uno produce un nuevo código para proteger los contenidos y al mismo tiempo hay alguien en el mundo que tiene capacidades para actuar en contrainteligencia y desbordar las herramientas que sirvieron para protegerlos y favorecer el consumo ilegal de esos contenidos. El hackeo es permanente y no hay DRM que aguante de manera consistente el 100% de las embestidas que tiene ese lado ilegal que tiene la comunidad de los internautas”.
Parecería, a su vez, que la cuestión no surge sólo por la aparición de Internet y el uso de la contrainteligencia; hoy vemos surgir un nuevo tipo de audiencia, una audiencia más activa y propensa a participar en la producción, distribución y consumición de contenidos. El entrevistado remarcó la importancia que tiene comprender a estas nuevas audiencias, saber hacia donde nos llevan y qué es lo que exigen, eso es lo que mejor permite la adaptación al nuevo paradigma, frente al cual no hay certezas.
Otro problema con el que nos encontramos tiene que ver con la situación legal. La regulación en cuanto a la industria de contenidos es muy diferente en cada país y en cada contexto. El Dr. Igarza lo ejemplifica de la siguiente manera: “Hay una filosofía, una fórmula que proviene de la independencia de EEUU que de alguna manera impregna la forma de mirar el mercado. Ese fundamento dice que en realidad el Estado interviene cuando hay conflicto, entonces lo que hace es plantar las bases para que las personas puedan entenderse y solo intervenir cuando hay conflicto. Una filosofía diferente es una más europea, una filosofía de mucha regulación y una metarregulación, es decir una regulación a nivel territorial, cada país tiene fuertes regulaciones, y una metaregulación que es la regulación de la Unión Europea que a su vez invita a que los países integrantes adopten la opinión de la mayoría que se refleja en una recomendación a nivel de la Unión Europea. Eso tampoco funciona del todo en la medida que, si bien el mercado es muy amplio, hay diferencias notables en el concepto, en la forma de mirar el mercado entre Inglaterra y Francia y Alemania. En Francia por ejemplo tenés un Consejo del Audiovisual con fuerte presencia de los consumidores, a nivel nacional, que a su vez se hace cargo de Internet. Hoy en realidad cualquier ley, cualquier regulación tiene q hacerse cargo de los nuevos medios, la metared es en definitiva el soporte de esos nuevos medios, no hagamos caso omiso, no regulemos la TV sino el espectro aggiornado que incluye un factor decisivo a la hora de pensar las industrias de contenido. Del otro lado, hay que decir que en compensación EEUU teniendo Hollywood, un motor muy potente con un alto nivel de provisión de fondos a las cercas estatales, porque en definitiva es una industria destinada a la exportación, lo que hacen es regular fuertemente el uso de los derechos, extienden los derechos más alto de tal forma de evitar que caigan en el dominio público al igual que caen en otros países. De esa forma EEUU es tan regulador como Francia o Alemania para proteger en definitiva su IC porque el pago de derechos de autor en una explotación de segunda, tercera, décima ventana sigue proveyendo fondos y le da continuidad a la industria de Hollywood […] La gran pregunta es: ¿Cuánto hace el estado para sostener esa industria de contenidos entendiendo que amerita ser protegido? Cada sector siempre va a pedir barreras, las industrias de contenidos, a mi juicio, tienen q preservarse porque son el vector principal de nuestra cultura.”
Entonces ¿qué sucede con la piratería? Si no hay un control firme y concreto de la distribución ilegal de contenido ¿por qué esa situación está mejor controlada en países como Estados Unidos mientras que es una práctica común en Argentina? La industria de la música es una de las más afectadas en este caso, habiendo desaparecido casi enteramente la idea de la “discográfica” y encontrándose los artistas en un momento en el que los discos dejan de ser sus principales fuentes de ingresos. Norteamérica toma como vía de solución la venta por canciones, lo cual implica un buen entendimiento de las exigencias de la audiencia. El entrevistado aclaró que esto es un tema puramente industrial, no cultural. “Me parece que el cambio de paradigma que propone la industria de la música tiene que ver con un cambio de unidad, y ese cambio de unidad es un elemento larvado en otras industrias que no esta siendo adecuadamente visualizado como parte de ese paradigma de transición. Lo que hay que hacer es facilitar que el usuario que esta mas dispuesto a ser activo que antes y que quiere el organizar su propio cd, construir su propio genero a lo largo del día, el recorrido por la música es el de él”.
El panorama frente al que nos encontramos no es sencillo de comprender, involucra una serie de cuestiones que no tienen una solución simple y universal. Se nos ha presentado un desafío sin precedentes y es deber de las industrias de contenidos adaptarse al nuevo paradigma, comprender a las audiencias y facilitar la interacción con los nuevos usuarios más capacitados y activos. Asimismo, el Estado debe mostrarse fuerte y firme, plantando bases y armando políticas que ayuden a la adaptación y a lo que se asume que es el correcto consumo, y que sean lo suficientemente versátiles como para modificarse según cómo evolucione la situación. Es un proceso de constantes preguntas y muchos errores pero no de soluciones únicas ni exactas, la regulación tiene que servir a la transición a la vez que impide el abuso y el avance de la contrainteligencia. No es algo fácil de lograr, pero sugiere una capacitación de parte de la industria, una habilidad para conocer a la audiencia y al entorno.